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Un error humanizar a nuestras mascotas.

Seguro que si eres una persona cariñosa con tus peludos, los mimas, los cuidas y consideras que son un miembro más de tu familia, has oído eso de "humanizarlos". Y normalmente se utiliza de forma negativa, para describir que los mimamos demasiado.

Humanizar a los animales de compañía podría ocasionarles un grave daño, pues se les exigen comportamientos que no son propios de su especie. Tratar como un humano a un perro o gato, desdeñando sus propias formas de comunicación, organización social y reglas de convivencia, limita su bienestar, aseguró Moisés Heiblum, académico de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia 

El experto universitario señaló que esta situación se ha vuelto común debido a que hay cada vez más personas sin hijos. De esta forma, los animales se convierten en miembros fundamentales de la familia y se les integra a actividades propias de los humanos.

Esto es perjudicial para ambas partes, pues al pretender que se comporten como personas se deposita en ellos expectativas fuera de contexto, que coartan su desarrollo. Por ejemplo, explicó, si un perro esta todo el tiempo con su dueño se crea apego excesivo, y en su ausencia el animal puede sufrir ansiedad por separación, provocándole ataques de pánico o comportamientos destructivos.

“Al regresar y ver el desorden, el dueño piensa que el animal lo hizo en venganza por haberlo dejado solo, lo regaña y lo trata como si entendiera las circunstancias, cuando en realidad el perro está expresando ansiedad porque la figura que le aporta seguridad no está disponible”.

De acuerdo con el universitario, los animales aprenden de las consecuencias de sus acciones. Los perros entienden el costo-beneficio de su conducta, así que si algo les reditúa, lo repetirán. Por ejemplo, si se sube al sillón (y el dueño lo ha permitido), cuando se le impida hacerlo el animal responderá de manera agresiva.

“Muchos dueños los integran a rituales o costumbres como celebrar su cumpleaños o hacerlos participes de bodas y eventos que no necesitan ni comprenden. No tiene  caso sentarlos a la mesa con un pastel o ponerles un vestido, porque son situaciones incómodas e incomprensibles para ellos”.

Para que los animales de compañía tengan un estado de bienestar, es necesario cubrir sus necesidades básicas: alimentarlos, que tengan un lugar de resguardo, estar libre de dolor o enfermedades, expresar su comportamiento normal y realizar actividades apropiadas a su especie.